lunes, 25 de marzo de 2013

Introducción.


Era mi decimosexto cumpleaños. Mis padres se habían tomado el fin de semana libre para poder llevarme a una de las playas más preciosas de todo el mundo. ¿Impaciente? Puede. Podía llevarme a mis amigos al Caribe, y hacer una fiesta en la casa de la playa, ya que mis padres se iban a ir a un hotel. La verdad, es que casi nunca están pendientes de mí, solo se centran en el trabajo. Yo pienso que para ellos yo soy como una carga. Y para que yo les dejara trabajar en paz, contrataron a Leigh, la que ahora es como  mi madre, porque ella siempre ha estado conmigo, cuidándome desde que era un mocoso. Ella también vendrá con nosotros, ¿por qué no? Podría surgir cualquier movida, y Leigh lo solucionaría.
Por la tarde Luke nos recogería en la limusina. Mi Iphone vibró. Era Chris.

Mensaje de texto de Chris, mandado a las 14:06.

“Estaremos a en tu casa a las seis, ¿vale tío? :)”

Bloqueé el móvil. En ese momento, vino Leigh con una limonada hasta mi hamaca.

–Bebe un poco, a ver si te vas a deshidratar, Justin. –dijo dándome el vaso. Estaba encima de mí todo el tiempo, pero me daba igual.
–No tenías por qué, Nana. –yo le llamaba así desde que la conocí, y nunca he dejado de hacerlo. Me incorporé y le hice un hueco. Ella se sentó a mi lado. Me dio un pequeño pellizco en el abdomen.
–No puedo creer que mi pequeño Justin vaya a cumplir mañana dieciséis años.
–¿Tantos son? –me reí. Ella sonrió y me acarició la pierna–¿Sabes Nana?
–Qué cariño. –dijo con voz dulce.
–Estoy deseando de bañarme a la playa, y tomar el sol. Quiero ponerme moreno.
–Yo también. Nunca he ido al Caribe, es más, estoy deseando de irme de esta mansión y ver nuevos sitios y lugares. –me terminé mi limonada– ¿Has pensado echarte una novia? Porque la que está detrás tuya es una inútil.
–¡Nana! No te metas con Abbey. No es inútil. –me miró arqueando una ceja.
–Pero si es una mal criada, caprichosa, mandona… –le miré mal. Abbey para mí era la chica perfecta: buenas curvas, una bonita sonrisa, ojos verdes, divertida… aunque si que era algo caprichosa, pero yo la amo con locura. Le di un besó en la mejilla y entré a la mansión. Todas las maletas estaban apiladas en la entrada. Me fui a la cocina y la mesa estaba repleta de comida. Comida hecha por mi querida Nana. Mi padre pasó de mí debido a que hablaba por teléfono, mi madre me revolvió el pelo, algo raro en ella. Vino Nana y nos pusimos a comer.
Estaba deseando de que el reloj grande de la cocina marcase las seis. Un pequeño hormigueo surgió en mi estómago.