Era mi decimosexto cumpleaños. Mis padres se habían tomado
el fin de semana libre para poder llevarme a una de las playas más preciosas de
todo el mundo. ¿Impaciente? Puede. Podía llevarme a mis amigos al Caribe, y
hacer una fiesta en la casa de la playa, ya que mis padres se iban a ir a un
hotel. La verdad, es que casi nunca están pendientes de mí, solo se centran en
el trabajo. Yo pienso que para ellos yo soy como una carga. Y para que yo les dejara trabajar en paz, contrataron a Leigh, la que ahora es como mi madre, porque ella
siempre ha estado conmigo, cuidándome desde que era un mocoso. Ella también
vendrá con nosotros, ¿por qué no? Podría surgir cualquier movida, y Leigh lo
solucionaría.
Por la tarde Luke nos recogería en la limusina. Mi Iphone
vibró. Era Chris.
Mensaje de texto de Chris, mandado a las 14:06.
“Estaremos a en tu casa a las seis, ¿vale tío? :)”
Bloqueé el móvil. En ese momento, vino Leigh con una limonada
hasta mi hamaca.
–Bebe un poco, a ver si te vas a deshidratar, Justin. –dijo dándome
el vaso. Estaba encima de mí todo el tiempo, pero me daba igual.
–No tenías por qué, Nana. –yo le llamaba así desde que la
conocí, y nunca he dejado de hacerlo. Me incorporé y le hice un hueco. Ella se
sentó a mi lado. Me dio un pequeño pellizco en el abdomen.
–No puedo creer que mi pequeño Justin vaya a cumplir mañana
dieciséis años.
–¿Tantos son? –me reí. Ella sonrió y me acarició la pierna–¿Sabes
Nana?
–Qué cariño. –dijo con voz dulce.
–Estoy deseando de bañarme a la playa, y tomar el sol.
Quiero ponerme moreno.
–Yo también. Nunca he ido al Caribe, es más, estoy deseando
de irme de esta mansión y ver nuevos sitios y lugares. –me terminé mi limonada–
¿Has pensado echarte una novia? Porque la que está detrás tuya es una inútil.
–¡Nana! No te metas con Abbey. No es inútil. –me miró
arqueando una ceja.
–Pero si es una mal criada, caprichosa, mandona… –le miré
mal. Abbey para mí era la chica perfecta: buenas curvas, una bonita sonrisa,
ojos verdes, divertida… aunque si que era algo caprichosa, pero yo la amo con locura. Le di un besó en la mejilla y entré a la mansión. Todas las maletas
estaban apiladas en la entrada. Me fui a la cocina y la mesa estaba repleta de
comida. Comida hecha por mi querida Nana. Mi padre pasó de mí debido a que
hablaba por teléfono, mi madre me revolvió el pelo, algo raro en ella. Vino
Nana y nos pusimos a comer.
Estaba deseando de que el reloj grande de la cocina marcase
las seis. Un pequeño hormigueo surgió en mi estómago.
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